Cuando huía de Ti

Te doy infinitas gracias, Señor y Dios mío, de todo mi corazón,

porque cuando huía de ti me llamaste

y cuando no pudiendo responder a tus voces

corriendo como caballo desbocado tras el mal,

en cuanto era de  mi parte tirando a despeñarme,

Vos tirásteis el freno fuertemente para que no lo hiciera,

y, sacándome de los peligros,

me pusiste a salvo trayéndome al conocimiento de ellos.

Te doy gracias, Dios mío, porque no contento con esto,

no mereciendo yo las migajas de la mesa de vuestros hijos y siervos fieles,

como si lo hubiera sido,

me sentaste con ellos dándome a Ti por manjar

que eres sobre todos los majares.

Al fín Señor te las doy porque desde que tuve uso de razón

comenzé a salirme del camino que habría de llevarme a Ti;

y Tú, a tirarme como por los cabellos

sin haber minorado para conmigo vuestra ardiente caridad un instante,

ni por desatenciones mías no por cuantos males contra vos he cometido.

 

Vble Ángela Mª de la Concepción