Cuando huía de Ti

Te doy infinitas gracias, Señor y Dios mío, de todo mi corazón,

porque cuando huía de ti me llamaste

y cuando no pudiendo responder a tus voces

corriendo como caballo desbocado tras el mal,

en cuanto era de  mi parte tirando a despeñarme,

Vos tirásteis el freno fuertemente para que no lo hiciera,

y, sacándome de los peligros,

me pusiste a salvo trayéndome al conocimiento de ellos.

Te doy gracias, Dios mío, porque no contento con esto,

no mereciendo yo las migajas de la mesa de vuestros hijos y siervos fieles,

como si lo hubiera sido,

me sentaste con ellos dándome a Ti por manjar

que eres sobre todos los majares.

Al fín Señor te las doy porque desde que tuve uso de razón

comenzé a salirme del camino que habría de llevarme a Ti;

y Tú, a tirarme como por los cabellos

sin haber minorado para conmigo vuestra ardiente caridad un instante,

ni por desatenciones mías no por cuantos males contra vos he cometido.

 

Vble Ángela Mª de la Concepción

Beata Francisca de la Encarnación

¡Oh beata Francisca de la Encarnación!

Tú que entregaste tu vida al Señor en la

vida trinitaria contemplativa, y la ofreciste

como holocausto supremo derramando tu

sangre en el martirio perdonando a tus

verdugos, intercede ante la Santísima

Trinidad para que también nosotros

recibamos la gracia del verdadero amor

y la fuerza de perdonar a los que nos

ofenden. Condédenos también las

gracias y favores que con confianza

pedimos por tu intercesión.

Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Doxología trinitaria

A Ti sea la alabanza,

a Tí la gloria,

a Tí la acción de gracias,

por los siglos de los siglos

¡oh Beatísima Trinidad!

 

Santo, Santo, Santo es el Señor Dios del Universo,

llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.

 

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,

como era en el principio ahora y siempre,

por los siglos de los siglos. Amén.

 

Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal.

Líbranos, Señor, de todo mal.

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