testimonios de vida

Dios vino a mi encuentro


Me llamo Marleni, nací en Tarapoto, Perú.

Antes de entrar en la vida religiosa yo no era practicante. En un momento inesperado, Dios vino a mi encuentro. Él sabía lo que yo deseaba desde muy pequeña, mi mayor anhelo era ser profesional. Mis padres son agricultores y decían que la mejor herencia que nos podían dejar serían los estudios, tanto a mí como a mis hermanas menores.

Llegó el momento de salir a la ciudad, escogí la carrera de técnica en contabilidad que equivale a 3 años de estudios. Cuando estaba para comenzar el tercer ciclo se me presentó Dios por medio de una amiga que me habló de la Comunidad de Monjas de Laredo en España. Como me sentí atraída le pedí el correo electrónico y me puse en contacto con una hermana; así estuvimos comunicándonos por un tiempo hasta que cumplí 18 años. Por medio de esta conversación que mantenía, recibí la invitación para experimentar la vida contemplativa que era para mí algo novedoso. Poco a poco fui descubriendo que el Señor ya estaba actuando en mí, me dio fuerzas para dejarlo todo, sobre todo a mis padres, acepté la invitación y decidí emprender el viaje sola, sin conocerlo, transcurriendo un día y una noche hasta llegar a Lima, a la capital de mi país.

Llegada a la comunidad de Lima empecé a hacer mi experiencia, para ver si era este el camino que Dios tenía predestinado paras mí; pero me faltaba un requisito: no estaba bautizada. Me preparé y me bauticé. Fue el día hermoso de mi vida al sentirme hija de Dios.

A los 7 meses, como mantenía comunicación con esta Comunidad de Laredo, decidí seguir mi formación aquí. A partir de esa fecha se realizaron mis trámites, gracias a Dios, sin ningún inconveniente, y a los 9 meses viajé sola desde Lima a Madrid y de Madrid a Bilbao. Sentí miedo de perderme, pero todo salió favorablemente y me encontré con mis hermanas. Aquí, la verdad, me costó un poco al principio, en una palabra, mi vida es un continuo buscar para conseguir mi meta.

Doy gracias infinitamente a Dios por haberme concedido el don de la vocación y la perseverancia. Así como Él se fijó en mí, les invito a los jóvenes para que no tengan miedo de descubrir la llamada de Dios, ya sea a la vida religiosa o al sacerdocio. Él mismo es quien nos da todo lo que mas deseamos si lo permitimos.

Después de hacer mi primera profesión, les pido a los Fundadores de nuestra Orden me ayuden a no tener miedo a ir contra corriente, que me ayuden a descubrir lo que Dios quiere para mí en cada momento de mi vida, lo que quiere para la Orden y para su Iglesia y, sobre todo, que me haga sentir ser una hermana de verdad para mis hermanas. Y a Ntra. Madre del Buen Remedio me ayude a amar a todos sus hijos, mis hermanos, sobre todo a los más desprotegidos.