Venerable Ángela Mª de la Concepción - En búsqueda

Su idea desde siempre fue ser Monja Trinitaria Descalza. Había en Madrid una casa que comenzó a construirse en 1621 y las monjas la inauguraron en 1641. Pero Ángela no lo sabía: creía que no existía ninguna. Por eso lo más afín a su idea era ser carmelita descalza, pues en su casa eran todos adeptos de la Santa de Ávila y ella misma la tenía por modelo y la llamaba su madre.
Su madre se opuso rotundamente a su entrada en el Carmelo, pero muy pronto cayó enferma y a los cinco meses murió en Villoría y al día siguiente la trasladaron a Cantalapiedra, en donde la enterraron. Su padre fue el que menos se oponía a su ingreso como monja, pero una vez se quedó viudo comenzó a cambiar de parecer.
Por fin el padre la dio su consentimiento, así como su bendición, acto muy propio de aquella época entre las familias cristianas.

Cuentan las crónicas que Ángela se arrodilló ante él y este llorando, pues ella sentía como caían las lágrimas sobre su cabeza la dio su bendición aunque con gran dolor.
En el mes de Agosto de 1669 pasaron por Medina y entraron en el Monasterio de las Carmelitas descalzas de dicho sitio para visitar a su hermana que era conventual del mismo. Continuaron viaje hasta Valladolid, lugar en dónde Ángela tenía previsto su ingreso. En esta Comunidad tomó el hábito de Carmelita Descalza.
Cuenta ella misma que la primera vez que estuvo en el coro bajo (en donde las monjas rezaban la liturgia ) contempló un crucifijo que estaba sobre la reja y entendió que la dijo que:

”Ángela tu no quedarás aquí”.

A partir de este momento comenzaron a ocurrirla diversos accidentes. Primero le dio una especie de ceguera que no la permitía leer en el coro, así mismo también sufría continuos desvanecimientos (pérdida de los sentidos) que llamaban en aquella época.

Una tarde , estando en oración con la Comunidad, vio una luz clarísima y al fondo de ella un ángel que llevaba en las manos el escapulario de la Santísima Trinidad y sobre él una corona. Con ello se la dio a entender que iba a ser Trinitaria en el Convento de Medina del Campo y que la Orden Trinitaria había de ser reformada.
La Priora y maestra de novicias, hijas de la mentalidad de su tiempo la colgaron una piedra al cuello que debía llevar a todo los sitios, pues decían que los desvanecimientos y pérdida de visión que padecía era cosa del diablo. Ella muy virtuosas llevó dicha piedra sin rechistar pero hubo un momento que no pudo más, y es que le había salido una hernia.